Sin Sentido ni aliciente

¿El virus de la apatía se ha apoderado de ti?

Llevo semanas así, meses quizá.

Al principio de todo, hace un año, encajé bien la situación. De hecho incluso me alegré de esta oportunidad de descanso y recogimiento que nos brindaba la pandemia.

Aproveché para poner en orden papeles y cosas del hogar, pude sacar a pasear mi lado creativo con proyectos y manualidades que hacía tiempo me rondaban la cabeza y para los que no había tenido tiempo hasta entonces. Aprendí a cocinar dulces, inicié rutinas de ejercicio físico y empecé a manejarme por el universo infinito de aplicaciones de video-llamadas…

Gracias a mi condición de propietaria de perro, podía salir a la calle cada día un ratito a dar un paseo corto por el barrio, disfrutando incluso de ese silencio que me envolvía tarde tras tarde, hasta las 8pm. Un silencio atestado de gente. Gente resguardada haciendo pasteles, ganchillo, papiroflexia o maratones de Netflix.

Me costó acostumbrarme a la mascarilla, al principio me asfixiaba y no sabía cual me iba mejor. ¿La de tela, la quirúrgica, la fpp2…? Hasta que se me pasó el enfado y me resigné a pillarle el truco. El truco a respirar.

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Empecé a comprender el mundo a través de porcentajes: Porcentaje de personas por recinto, porcentaje de mesas en las terrazas, porcentaje de contagios por cada 100.000 habitantes, porcentaje de muertos por región,…

Hoy sigo flotando en esta nueva forma de existir que restringe mis pasos, mis acciones y mis decisiones, que me impide moverme con la libertad que necesito como persona, porque antes de ser libre necesito asegurarme de seguir viva.

Nuestra capacidad de adaptación

El ser humano es un ser que lleva adaptándose toda la vida a lo que le viene. Ese es nuestro “AS bajo la manga”, la capacidad para adaptarnos al entorno, ambiente, clima, condiciones o circunstancias que nos rodeen. Sean cuales sean, aprendemos a sobrevivir.

Llevamos un año adaptándonos a una situación de vida o muerte. Esto es así, la gente se muere. Yo no me he muerto, mi familia y resto de seres queridos tampoco, pero hay mucha gente que sí se ha quedado en el camino, física, emocional o psicológicamente.

El problema es que durante todo este tiempo estamos bajo un sistema de fases que se revisan y cambian cada 15 días y que dependen del criterio de cada región en muchos casos o que apelan a nuestra autorresponsabilidad en otros.

Cambiar constantemente no nos permite adaptarnos a nada, no nos permite integrar los cambios y planificar nuestro futuro. Actualizar la normalidad cada 15 días me obliga a reestructurar mi psique cada 15 días y eso, es lo que nos tiene en el limbo de la apatía y falta de sentido.

Llevamos un año sin saber a ciencia cierta hasta que punto podemos salir a la calle, visitar a un familiar o reservar un vuelo, con la confianza de que el procedimiento no cambiará.

Dado que todas las normas y reglas de salud pública se modifican cada 15 días, nos vemos obligados a la planificación absoluta, información constante y control de nuestros pasos.

No hay cabida para la intuición, la improvisación o el impulso personal, eso que nos hace tan nosotros, tan humanos y tan absurdos.

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Y eso nos está marchitando.

Hasta que no pueda sentir que algo es estable, da igual en que condiciones de limitación o no, no puedo avanzar.

No quiero planificar mi vida social si cada 15 días cambian las condiciones. No quiero planificar mis hábitos de ejercicio porque cierran y abren gimnasios, tiendas, restaurantes, academias… haya toques de queda y aforos cambiantes cada quincena.

Hoy ya puedo salir de mi comarca pero no sé si la semana que viene podré o el mes que viene podré, no sé hasta cuando ni en qué condiciones, no sé si me pueden sancionar por estar haciendo algo mal.

Me veo en la obligación de estar actualizada todo el rato y mi sistema de adaptación está saturado.

Cada nueva adaptación es una nueva configuración de mis hábitos, de mis rutinas, de mis posibilidades, de mis acciones y de mi vida.

El proceso de adaptación personal consiste en un ajuste psicológico y emocional no solo a nuestra nueva manera de pensar y sentir sino a la realidad que nos ha tocado vivir. El proceso de adaptación dura un tiempo y, aunque diferente en cada persona, los cambios tienen una serie de fases que deben completarse secuencialmente para seguir avanzando en ellas y llevamos más de un año viviendo en la misma fase: Supervivencia.

Vivir con el modo de supervivencia tanto tiempo y de manera recurrente nos tiene agotados.

Llevamos un año fuera de nuestra zona de confort, sin rutinas reales que duren más de un mes y necesitamos una zona de seguridad en la que apoyarnos.

La apatía

Y entonces aparece la apatía. Sentimos desde hace semanas, o meses, ya ni sabemos cuando empezó, que no tenemos ganas de nada. Tenemos ideas en nuestra mente de cosas por hacer pero nada nos arranca con ilusión del sofá, nada nos quita el pijama con la suficiente alegría como para percibir que las cosas tienen sentido. ¿Acaso ya nada nos interesa realmente?

La apatía que vivimos es la consecuencia de llevar tanto tiempo en el reto que nunca termina, que nos impide asentarnos y encontrar rutinas que nos organicen la mente para seguir avanzando en las fases de la adaptación. Dejar de sobrevivir para empezar la fase de búsqueda de rumbo.

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Hasta que no sintamos cierta estabilidad, no despertará en nosotros/as un sentido de ruta hacia la que dirigir nuestras emociones y nuestra vida.

El exceso de control de las normas al que estamos sometidos/as nos impide ser espontáneas, incluso en lo más nimio.

¡¿Y esto cómo se resuelve?!

Partiendo de la base que se están tomando medidas políticas, económicas y sociales de todo tipo y en todos los países, sin que ninguna sea 100% eficaz y de que voy a enfocarme en lo que sí está en nuestra mano, aquí van algunas sugerencias para ayudarnos a sobrellevar de mejor manera nuestra sensación de falta de motivación y sentido:

  • No dejes de hacer planes pero acepta que la frustración aparecerá más a menudo que de costumbre.
  • Asume que tu mente está en “modo supervivencia” por lo que te vas a sentir estresado/a de manera continuada.
  • No quieras ser la reina del crossfit o el rey del yoga, con que hagas 10 minutos de estiramientos sencillos de cuello, brazos, espalda, piernas… y un paseo diario a la misma hora, ya vale para empezar.
  • No te fuerces a sentirte motivado/a o a encontrar los “para qué”, mejor céntrate en hacer cosas que te hagan reír.
  • Te puede resultar difícil tener claros tus sueños, propósitos o deseos personales ahora, así como el camino a seguir para alcanzarlos. No te sientas mal por ello, quizá no es el momento de grandes metas y realizaciones.
  • No te compares con otras personas que sí están motivadas, enérgicas u optimistas, cada quién tiene oportunidades y perspectivas distintas en estos momentos. Todo es válido, tú eres válido/a y tu agotamiento es válido.
  • Comparte como te sientes, habla con quien te quiera escuchar, llora sin necesidad de explicación y enfádate con lo que está pasando. Es lícito.
  • Cuando estés de bajón máximo, recuérdate a ti mismo/a que esto no va a ser así siempre, solo necesitamos generar rutinas que nos ayuden a estabilizarnos.

Siento si el tono de este post parece pesimista pero necesito ponerle fin a la ilusión de que es momento de crecer, de cumplir sueños y de ser feliz, porque no lo es.

Es momento de mantener, de sembrar pequeñas cosas que se cosecharán, si el tiempo acompaña. Es momento de decir “estoy mal, lo llevo mal y no quiero fingir otra cosa”.

Estamos de duelo, nuestras anteriores vidas se han ido diluyendo entre gel hidro alcohólico y noticias alarmantes. Compartamos estos momentos de tristeza, rabia, negación o culpa para poder integrarlos y seguir adelante.

Decidamos vivir a pesar de todo esto desde la realidad y la sencillez.

Todo lo anterior también sirve para quienes sienten apatía a pesar de haber conseguido cosas magníficas durante este tiempo y que antes no tenían: casa, trabajo, hijos, relaciones… El duelo es planetario y tú también tienes derecho a transitarlo. Que nadie te diga que “tú deberías estar contento/a”.

No estamos solos/as, somos una humanidad entera afrontando algo muy gordo.

Te invito a que comentes en este post, o en cualquiera de los post de este blog, cómo te sientes y en qué estado te encuentras, qué proyectos eres incapaz de retomar, en qué te sientes especialmente desmotivado/a o que técnica utilizas tú para encontrar estabilidad en este momento.

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Descubre tu Filosofía de Vida

Y encontrarás tu propósito

Puede que vayas un poco de cabeza en la búsqueda del sentido o del propósito de tu existencia, la respuesta al “¿Para qué me levanto cada mañana?” que te de fuerza y te motive.

Si este es tu caso, confío en que encuentres algo de alivio en este post.

De primeras quiero advertirte que parto de la base de la NO EXISTENCIA DE UNA DEIDAD, es decir, este post habla del encuentro de propósito para gente sin Fe.


El mundo se divide entre Oriente y Occidente y es en este sentido dónde te propongo que te posiciones en cuanto a Filosofía de vida, es así de simple.

La filosofía Oriental, tiene como finalidad la Paz, el Equilibrio, la Serenidad, la Armonía, la Calma…

Desde Oriente, se postula en mayor medida un mensaje de Aceptación, de Observación de nuestra propia existencia con el objetivo de Integrarnos en un TODO, de Adaptarnos y Fundirnos en una Eternidad Natural de las cosas.

La relajación y la meditación, así como la contemplación, forman parte de las prácticas cotidianas que nos acercan a ese estado de ligereza vital.

El respeto y utilidad por todo aquello que nos rodea, incluso lo más desagradable, la Naturaleza como máxima expresión de Poder y el aprendizaje a lo largo del tiempo, paciente y trabajado, son marcas de la casa de la filosofía de vida Oriental.

La vida es un ciclo y nosotras formamos parte de él

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La Filosofía Occidental, está motivada por la Felicidad, la Alegría, el Entusiasmo, el Gozo…

Desde Occidente se nos anima a la Acción, al Movimiento, con el objetivo de llevar a cabo los Cambios necesarios para que el mundo sea un lugar donde vivir sea un Placer y un Júbilo.

Autorrealizarnos, Empoderarnos, marcarnos objetivos y Alcanzarlos, experimentar el Logro, Superarnos, ser útil para otrxs, Aportar y Significar, son algunas de las muchas propuestas que la filosofía Occidental nos propone para darle sentido a nuestra vida.

Sé tu mejor versión

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¿Dónde se encuentran ambas filosofías?

Darle valor al error: Para adquirir fortaleza, aprendiendo de la experiencia. La equivocación como enseñanza o como camino correcto.

Desde dentro hacia afuera: Yo tengo el poder interior infinito para Transformar el mundo o de mí depende encontrar el camino de regreso al Todo eterno y a mi lugar en el ciclo de la existencia. Ambas filosofías apuntan al trabajo personal e individual, al encuentro contigo mismx.

Trabajo de por vida: Una y otra perspectivas dejan claro que este no es un “trabajo temporal”, no hay una pócima mágica que te traerá la Felicidad o el Equilibrio Interior y alcanzarás la iluminación, sino que es un ejercicio de por vida que requiere esfuerzo y constancia.


Te invito a que mires dentro de tí y tomes una decisión. Elige una de las 2 opciones, la que sientas que va más contigo y con tu manera de ser y estoy convencida que te encontrarás con pequeños propósitos que apuntarán en una dirección satisfactoria para tí.

Sea como sea, con Fe o sin ella, Oriental u Occidental, es incuestionable que el ser humano Necesita tener un Propósito, un Motivo por el que seguir transitando su vida.

Ya sea por el placer de vivirla, por fusionarte con ella o por el contento de dejar un lugar mejor del que te encontraste… De una cosa puedes estar segurx: Sin tí esta VIDA no sería lo mismo.

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AUTOESTIMA

El punto sobre el que se sostiene tu vida

Mucho oímos esta palabra desde hace algún tiempo pero, ¿Sabemos lo que es? ¿De qué se compone? Y sobretodo ¿Cómo se mejora (o hacemos que aparezca!)? Veámoslo.

¿Qué es la Autoestima?

Hasta los 12 meses de vida como bebés, no sabemos que somos individuos, no tenemos conciencia de nuestra propia existencia ni mucho menos una noción de nuestro propio “Yo”. Es a partir de esa edad que empezamos a intuir que, ese cabezón sonriente frente al espejo somos nosotrxs.

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Sabiendo esto, podemos decir que la autoestima no se hereda, se construye, desde el momento en el que nos percatamos que somos alguien por nosotrxs mismxs.

Sin embargo, nacemos con la capacidad de desarrollar nuestra autoestima (así como la empatía o la asertividad) y esta se va creando desde pequeñitxs en el núcleo familiar a través de:

  • Los mensajes que recibimos
  • La manera en la que se atienden nuestras necesidades
  • Nuestra propia experiencia

Como adultxs, tenemos la posibilidad de “reformar” una baja autoestima

¿Cómo sé si tengo una autoestima Alta o Baja?

Hazte esta pregunta y respóndete con sinceridad:

¿Necesito que los demás me reconozcan o aprueben para sentirme valioso, merecedor, digno o capaz?

Si la respuesta es sí, tu autoestima es baja o tambaleante en según qué circunstancias.

Si la respuesta es No, felicidades. (Puedes seguir leyendo igualmente)

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¿De qué se compone la autoestima?

Autoconcepto: Sería la respuesta a la pregunta “¿Quién soy?” Me observo, me conozco y me describo tanto en el plano físico, como en el psicológico y conductual.

Autovaloración: Eso que soy… ¿Me gusta? ¿Lo considero, positivo o negativo? ¿Lo apruebo o lo condeno? ¿Qué me digo? ¿Cómo me hablo? ¿Me trato bien?

Autoaceptación: Pongamos que hay alguna de mis características personales que no me gusta demasiado o que me disgusta. Autoaceptarme significa que, a pesar de que no me agrada ese aspecto, sigo queriéndome, considerandome valiosa, merecedora y digna, y en caso de que sea posible, con capacidad para cambiar si yo lo decidiera.

Primero te quieres y luego te cambias. Si lo haces al revés estás perdidx

Gemma Romero

6 prácticas para potenciar la autoestima

Aquí te dejo las 6 prácticas que nos propuso Nathaniel Branden (Doctor en Psicología) que conviene no perder nunca de vista y trabajarlas para potenciar o fomentar nuestra autoestima.

Vive conscientemente: Conócete, observate y toma consciencia de quien eres. Escucha a tu cuerpo, tus pensamientos, tus sentimientos… Aprende de tí y reconócete sin tapujos.

Aceptate a tí mismx: Se tu mejor amigx, quiérete “a pesar de todo” y tratate bien. Permítete equivocarte y fracasar. Todxs lo hacemos.

Se responsable de tí mismx: Evita echarle la culpa al mundo de tus desgracias, evita dejar tu vida en manos de otrxs, valora tus necesidades y toma decisiones conscientes. Haz de tu vida aquello que tú quieres.

Autoafirmate: Liberate de la losa de agradar a todxs a cambio de ir desapareciendo tú. Muéstrate sin máscaras y sin miedo. Se quien tú sientes y déjate querer. Cambia si quieres, es tu derecho, pero no vivas para adaptarte a los demás.

Ten un propósito: Elige tus propias metas, decide en qué quieres enfocarte y cual quieres que sea tu camino. Valora los consejos de los demás pero no permitas que otras personas decidan qué y cómo debe ser tu vida

Integridad: Sé coherente y honestx contigo mismx. Siente, piensa, habla y actúa en congruencia con lo que eres. Dormirás mucho mejor.

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La autoestima no se desarrolla investigando sobre el tema, sino aplicando de por vida estos conceptos.
No se trata de aplicar todo a la vez sino paso a paso, con pequeños cambios.

Recuerda que si necesitas ayuda para arrancar éste proceso, aquí me tienes, presencialmente y online

Multipotenciales

No encuentro una vocación en la vida… ¡Tengo miles!

Conocer tu verdadero propósito, tu misión o “esa cosa” que hace que te levantes cada mañana es, probablemente, una de las cuestiones más profundas a las que tarde o temprano nos toca enfrentarnos a los seres humanos.

De hecho, existen cantidad de cursos, libros, talleres, prácticas, ejercicios y un largo etcétera de métodos para dar con nuestra brújula interna, esa que, pase lo que pase, siempre nos indicará el norte.

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¿Qué quieres ser de mayor?

Desde pequeñxs nos preguntan acerca de qué queremos ser de mayores. Ya el hecho de colocar el verbo “ser” en lugar de “trabajar” nos indica hasta qué punto interiorizamos la necesidad de encontrar esa vocación esencial y primordial, aquello que nos identifique de tal forma que nos asegure “ser” alguien en la vida y de paso, poder dejarlo claro al resto del mundo.

Muchas personas, con esta pregunta inocente, se quedan envueltas en una madeja de interrogantes. Incapaces de elegir una única opción, buscan una respuesta que jamás encontrarán, ni de pequeñas, ni de adolescentes ni de adultas.

¿Porqué?

La respuesta la dió una espléndida mujer, Emilie Wapnick, en una TED conference hace justamente 4 años, la cual destapó una nueva caja de diversidad que muchas agradecemos y que hoy me gustaría compartir con vosotrxs.

Aquí tenéis el video de la conferencia en Youtube traducido al español.
Dura 12 minutos aprox.

Poco puedo añadir a las palabras de Emilie, más allá de mi propia experiencia.

Os animo a que detectéis cuantas personas multipotenciales y cuantas personas especialistas os rodean y a que os fijéis a partir de ahora qué conductas o actitudes animáis y cuales condenáis.

Aprendices de todo y maestras de nada, mujeres y hombres del renacimiento, culos de mal asiento…

¡El mundo interconectado nos necesita!

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